
En Madrid, el precio de la vivienda ha aumentado considerablemente. Las causas son varias, pero una de las principales es el auge del alquiler turístico. Hay demasiadas viviendas destinadas a visitantes. Los vecinos se quejan del ruido, desaparecen los comercios de barrio, y los portales se llenan de maletas. Para frenar esta situación, las autoridades han aprobado un nuevo plan. Se llama Plan RESIDE y su objetivo es separar a los turistas y residentes en edificios distintos.
El documento ya ha sido aprobado, aunque solo con los votos del partido en el gobierno. El resto de los grupos políticos votaron en contra. Sin embargo, el ayuntamiento considera que, si no se actúa ya, pronto será imposible vivir en el centro.
Como se sabe, la capital española es uno de los principales destinos turísticos del país. Y no es de extrañar: Madrid tiene de todo para el ocio. Museos, restaurantes, monumentos, conciertos… la oferta es inmensa. Además, la ciudad también atrae a los aficionados a los juegos de azar, ya que cuenta con casinos físicos. Lo curioso es que esto ocurre incluso en tiempos modernos, cuando basta con abrir un enlace para acceder a decenas o cientos de casinos online. La mayoría de la gente prefiere jugar por internet, por comodidad y variedad. En este contexto, muchos casinos tradicionales han perdido clientes. Pero no es el caso de Madrid.
La novedad más importante del plan afecta al centro histórico de la ciudad. Allí ya no se permitirá el alquiler turístico en edificios residenciales. Ni siquiera en las plantas bajas. El plan prohíbe mezclar viviendas habituales y alquileres de corta duración bajo el mismo techo. La medida se centra en los barrios donde la presión del mercado es más fuerte.
Hasta ahora, era habitual transformar locales comerciales en apartamentos turísticos, ya que eran más rentables. Según el ayuntamiento, en los últimos nueve años se reconvirtieron más de 3.000 espacios de este tipo. Con el Plan RESIDE, esta vía queda cerrada.
En los barrios residenciales, el alquiler turístico seguirá estando permitido, pero con condiciones. La vivienda deberá tener entrada independiente, preferiblemente desde la calle. Esta regla se aplicará especialmente a las plantas primera y segunda.
El objetivo es evitar conflictos con los vecinos y la reconversión de viviendas sin su consentimiento. Este nuevo enfoque busca preservar el carácter residencial de los barrios, al menos fuera del centro.
La ciudad propone un nuevo formato: pisos turísticos solo en edificios enteros dedicados exclusivamente al alquiler temporal, sin residentes permanentes. Esto facilita la supervisión, reduce las quejas y permite una actividad más transparente.
El consistorio también quiere revitalizar inmuebles vacíos. Una normativa temporal permitirá convertir estos edificios en viviendas, siempre que el propietario realice una reforma integral. Algunos podrían destinarse a colivings o alquileres asequibles. Así se pretende resolver al mismo tiempo el problema del turismo y la escasez de viviendas.
Los críticos del plan temen que el resultado sea el contrario. Temen una nueva oleada especulativa. Grandes inversores podrían comprar edificios y transformarlos en hoteles camuflados como alquiler turístico.
Algunos concejales ya lo llaman el Plan Expulsa. Consideran que no protege a los residentes, sino que los expulsa. Hay datos que indican que más del 60% de los edificios del centro podrían pasar a manos del alquiler turístico. Así, las calles dejarían de tener vecinos estables.
Según cifras oficiales, en Madrid operan más de 17.000 alojamientos turísticos. De ellos, casi el 93% son pisos. Pero solo 1.200 tienen licencia. El resto pertenece a la economía sumergida.
El ayuntamiento ha intentado controlar la situación. Se impuso una moratoria a nuevas licencias, se intensificaron las inspecciones y aumentaron las sanciones. Se contrató a más inspectores. Pero en la práctica, los cambios han sido mínimos. Los turistas siguen alojándose donde no deben, y los propietarios continúan alquilando sin registrar.
En el último año, el precio de la vivienda ha subido notablemente. Comprar cuesta un 24% más de media, y el alquiler ha crecido un 11,5%. Las nuevas restricciones pretendían enfriar el mercado, pero aún no lo han logrado.
El Plan RESIDE es un intento de revertir la tendencia. Devolver el centro a quienes quieren vivir en él, y no solo dormir una noche. Si funcionará o no, está por verse. Pero la presión es alta, y hay que actuar con rapidez.